Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de inteligencia artificial y derecho, la primera pregunta parecía inevitable: ¿la inteligencia artificial va a reemplazar a los abogados?
Hoy considero que esa no es la pregunta correcta.
La pregunta verdaderamente interesante es otra: ¿qué puede hacer un abogado cuando tiene a su disposición una herramienta capaz de procesar en segundos información que antes le exigía horas de trabajo?
La respuesta puede cambiar completamente nuestra manera de entender la profesión.
La inteligencia artificial no llega necesariamente para quitarle trabajo al abogado. Llega para transformar el trabajo que hace el abogado.
La máquina puede procesar. El abogado debe comprender.
Una herramienta de inteligencia artificial puede revisar grandes cantidades de información, resumir documentos, identificar conceptos, proponer estructuras, comparar textos, organizar información y generar borradores.
Eso no es una amenaza. Es una oportunidad.
Durante años, los abogados hemos dedicado una parte importante de nuestro tiempo a buscar información, clasificar documentos, revisar expedientes, corregir textos y realizar tareas repetitivas.
Si una herramienta tecnológica puede ayudarnos a reducir ese tiempo, la pregunta debería ser: ¿qué podemos hacer ahora con el tiempo que recuperamos?
Podemos investigar más. Podemos estudiar mejor un caso. Podemos conversar más con nuestros clientes. Podemos construir estrategias jurídicas más sofisticadas. Podemos dedicar mayor atención a la argumentación. Podemos pensar.
Y quizá este sea uno de los cambios más importantes que traerá la inteligencia artificial al derecho: no necesariamente menos abogados, sino abogados con la posibilidad de dedicar más tiempo a lo verdaderamente jurídico.
La nueva ventaja profesional
La tecnología está modificando el valor de algunas habilidades.
Antes, saber encontrar rápidamente una determinada sentencia podía representar una ventaja considerable. Hoy una herramienta de IA puede ayudar a localizar, clasificar y resumir cientos de documentos.
Pero entonces aparece una nueva pregunta: ¿cuál sentencia realmente importa?
Ahí comienza nuevamente el trabajo del abogado.
La IA puede proponer. El abogado debe evaluar.
La IA puede resumir. El abogado debe comprender.
La IA puede encontrar una norma. El abogado debe determinar si está vigente, si resulta aplicable y cómo debe interpretarse.
La IA puede generar un argumento. El abogado debe decidir si ese argumento es jurídicamente sostenible.
Por eso, la tecnología no elimina el criterio jurídico. En muchos casos, lo hace todavía más importante.
El abogado del futuro tendrá una nueva competencia: saber trabajar con máquinas
No creo que todos los abogados debamos convertirnos en ingenieros. Pero sí creo que todos deberíamos comenzar a desarrollar una cultura tecnológica.
Un abogado que no entiende cómo funcionan las herramientas de inteligencia artificial puede utilizarlas de manera inadecuada. Y un abogado que comprende sus capacidades y limitaciones puede convertirlas en una ventaja profesional.
La formación jurídica tendrá que evolucionar. Ya no bastará con aprender normas, jurisprudencia y doctrina. Será necesario aprender también a trabajar con sistemas inteligentes, verificar sus resultados, proteger la información de los clientes y comprender los límites de estas tecnologías.
Colombia también está entrando en esta transformación
En Colombia, la discusión está adquiriendo una dimensión cada vez mayor. La incorporación de inteligencia artificial en el ámbito jurídico plantea oportunidades para mejorar la eficiencia y la gestión, pero también exige abordar cuestiones como privacidad, seguridad, sesgos, brecha digital y formación profesional.
Esto significa que no podemos simplemente importar tecnología. Tenemos que aprender a incorporarla dentro de nuestro propio contexto jurídico e institucional.
Y aquí existe una oportunidad enorme: Colombia puede desarrollar soluciones de LegalTech capaces de responder a problemas concretos de nuestra justicia, nuestra administración pública y nuestra ciudadanía.
La inteligencia artificial puede acercar el derecho a las personas
Quizá esta sea una de las posibilidades que más me interesa.
Una persona que nunca ha estudiado derecho puede tener enormes dificultades para comprender una norma, una resolución administrativa, un contrato o un procedimiento.
La inteligencia artificial puede ayudar a traducir esa complejidad. No para sustituir al abogado, sino para disminuir las barreras de acceso al conocimiento.
Una persona puede preguntar qué significa una determinada decisión administrativa, recibir una explicación inicial, organizar sus documentos, identificar qué información necesita y conocer qué preguntas debería hacerle a un abogado.
Eso puede representar un cambio profundo en la relación entre ciudadanía y sistema jurídico.
No estamos ante el final del abogado
Estamos ante el comienzo de una nueva etapa.
El abogado que utilice inteligencia artificial no necesariamente será menos abogado. Puede ser un abogado con mejores herramientas.
La cuestión será cómo las utilice.
La IA procesa, propone, organiza y asiste; el abogado comprende, verifica, interpreta, decide y responde.
La máquina puede ayudarnos a llegar más rápido. Pero todavía necesitamos saber hacia dónde vamos. Y esa decisión continúa siendo nuestra.
